Que de dónde amigo vengo, de una casita que tengo…

Desde el Café /Bernardo Gutiérrez Parra

Pesimamente aconsejada por sus asesores, o quizá sin consultarlos, Rocío Nahle agregó este martes dos pifias a la serie de errores que ha cometido sobre la Casa de Boca: negó que sea de ella o de su marido José Luis Peña Peña y aceptó “darle juego” a la versión de un testigo de probada honorabilidad, Javier Duarte, que seguramente está preso por inocente.

Desde el Reclusorio Norte y mediante sus redes, Duarte “aclaró oficiosamente” lo siguiente. Dijo que en 2020 el esposo de Nahle “obtuvo un crédito bancario para la adquisición de un terreno en el Dorado mismo que está pagando, actualmente rentan una casa en ese lugar propiedad de una sobrina quien está casada con una persona solvente, así de simple, lo demás es grilla”.

La versión del ex gobernador, que quizá es director del Catastro por correspondencia, no levantó la menor polvareda.

Pero en una entrevista a una estación de radio Rocío dijo: “Ayer (lunes) el candidato José Yunes salió a medios nacionales primero a difamarme sin prueba alguna, basándose exclusivamente en chismes de vecinos… eso no es de hombres sino que es de un verdadero intrigoso y difamador. Y yo desde aquí le digo que nosotros no somos iguales”.

Futa…

Y se fue de la boca al querer embarrar al peroteño en el supuesto soborno que Emilio Lozoya dio a senadores del PAN y del PRI en tiempos de Peña Nieto cuando Pepe fue senador.

Lo que tramposamente ocultó es que el nombre de Pepe jamás salió a relucir en esa acusación. Pero bueno…

Volviendo a la casa, ¿quién es el dueño o la dueña?

Una sobrina del señor Peña Peña, que está casada con una persona solvente, dijo Duarte.

Ah bueno.

¿En cuánto alquiló Rocío una mansión de ese tamaño? No lo dijo la señora, aunque aclaró que de ahí se mueve para todo el estado y es de donde saldrá a hacer su campaña “presentando propuestas, presentando nuestra calidad moral, humana, familiar y nuestra sensibilidad social y ya el pueblo de Veracruz juzgará”.

Ora pues.

Pero por la noche su acérrimo némesis Arturo Castagné Couturier, publicó en sus redes una copia facsimilar de la escritura donde se asienta que Maribel Hoyos Peña, sobrina de José Luis Peña Peña, pagó de contado 4 millones 970 mil pesos por el terreno.

“Falta que nos diga de dónde sacó los otros 45 millones para construir la residencia. Maribel es una joven de 35 años a la que están involucrando en un hecho muy grave de corrupción”, dice el empresario.

Y en mensaje directo a la zacatecana le sugiere: “Debiera actuar con honestidad y reconocer que la mansión es suya y de esa manera liberar de un riesgo penal a su sobrina”.

Pero además la mete en un brete: “Usted deberá mostrar el contrato de arrendamiento, el CFDI emitido por su sobrina con la cuenta predial, la tarjeta predial a nombre de su sobrina y los estados de cuenta bancarios de ambas para verificar los depósitos y retiros, más la declaración ante el SAT”.

Sobrada de soberbia Rocío le dijo a Pepe Yunes que no son iguales y tiene razón, bendito sea Dios.

En tiempos del nefasto Eric Cisneros a Pepe le buscaron hasta por debajo de las piedras algún ilícito con qué tumbarlo de la candidatura a la gubernatura y no le encontraron nada. Menos una residencia que no pudiera justificar con sus ingresos.

A Rocío la está hundiendo una casa mal habida de apenas 30 o 40 millones de pesos y no los más de 20 mil millones de dólares que gastó en una refinería que ha resultado un fiasco.

Paradojas de la vida.

bernardogup@hotmail.com

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